porque tú piensas

domingo, abril 16, 2006

"Sobre el Insomnio
Carla Cordua

Aunque el dormir se parece a la muerte porque hace desaparecer provisoriamente todo lo demás, se ha dicho de él, sin embargo, que confirma en nosotros la convicción de que tenemos que seguir viviendo. Esta convicción forma parte del sentimiento de quien se levanta después de dormir: seguir viviendo le parecerá fácil, natural; una necesidad de esas que, aunque obligan, no cuestan esfuerzo. Como respirar, como abrir los ojos y ver. Los que vienen del insomnio, en cambio, estarán privados de aquel sentimiento y dependerán, aún para respirar, de una penosa determinación. Carecen del ánimo del que se ausenta y entrega todo a su suerte; de los premiados porque confían y deponen su responsabilidad. En la Ilíada, Zeus, el más poderoso de los dioses, duerme tranquilo en plena guerra de Troya.
Muchos poetas han esperado despiertos los albos amaneceres y así saben de insomnios. "Poetas pensativos cultivan vigilias y dolores / insomnes ellos para que duerman sus lectores", creía Pope. Pero el insomnio grave no tiene propósito ni presta servicios. Consiste solo en estar tendido repasando el pasado: "Insomnes de ojos fríos y conmemorativos", dice otro poeta. Rafael Alberti comenta los insomnios de Bécquer. "No dormía. Nunca pudo dormir, aunque los ojos de su cuerpo se cerraran. Tenía fiebre". "Todas las Rimas de Bécquer a mí se me aparecen como escritas a tientas, por la noche, sentado o recostado al borde de su lecho. Y ya se sabe que un lecho es una tumba que aún no ha abierto la boca para devorarnos..." Cita: "¡Oh, qué amor tan callado el de la muerte! / ¡Qué sueño el del sepulcro tan tranquilo!" Alberti, que suele pasar por períodos insomnes, inaugura "un diario de la noche" en que registra sus propios "Desvelos". Los fragmentos publicados, nada poéticos, son desesperación pura en prosa descriptiva. "Estoy seco. Paso las noches en claro. Sin dormir. Debiera hacer algo. ¿Qué hago? Sólo eso: no dormir. Me levanto. Ando por la casa. Me acuesto. Apago la luz. La enciendo. El techo no me dice nada. Antes, sí. Ahora yo soy como ese techo. Que me mira, mudo, como yo a él. Y no me dice nada. Soy como un palo seco junto a mí, clavado en la arena. Un palo seco."
Emile Cioran coincide con Alberti en tratar al insomnio como una experiencia involuntaria de la nada, que carece absolutamente de rasgos románticos. Divide su vida en una infancia feliz sin insomnio y, a partir de los 20 años, una existencia sufriente dominada por la incapacidad de dormir. Esta última está asociada para él al tedio, al tiempo que no pasa, a las ideas de suicidio, de la inanidad o falta de sentido del mundo y de la vida. A sus entrevistadores Cioran les dice: "Cuando yo tenía 18 o 20 años, era un suicida. Tenía insomnios. Es la peor enfermedad". "Considero que el insomnio es la mayor experiencia que se puede tener en la vida. Es la más terrible, todas las demás no son nada en comparación." "El insomnio te coloca fuera de la esfera de los vivos, de la humanidad. Estás excluido...La vida sólo es posible mediante la discontinuidad. Por eso soporta la gente la vida, gracias a la discontinuidad que da el sueño." "Casi todos los suicidios sin motivo se deben al insomnio.""

Fuente: Artes y Letras, El Mercurio.